MEMORIA LÓPEZ PINTO/1

domingo, 27 de diciembre de 2020

PROYECTOR DE CALA MUÑOZ

    El asentamiento del antiguo proyector de Cala Muñoz se encuentra un kilómetro al sureste de la torre de Santa Elena o de La Azohía, en línea recta. Dista 38 kilómetros de la plaza de Cartagena, 35 desde la ciudad hasta la torre más 3 andando por senderos hasta el antiguo asentamiento. En linea recta 15 km.


Vista de parte del asentamiento.


Se colocó durante la Guerra Civil, al igual que la totalidad de proyectores y fonolocalizadores de la Plaza, excepto los 4 colocados en la primera década del siglo XX (Algameca, Podadera, Trincabotijas y Sta. Florentina), siendo el plan, puesto en marcha con el inicio de la guerra, más ambicioso que el aprobado en 1935 (Plan de iluminación de la Base de Cartagena). Así, se instaló un proyector de costa para exploración, misión normal, y tiro, misión eventual, de 150 cm de diámetro (probablemente Sperry), en una fecha no determinada. Aunque su vida operativa fue efímera, pues en agosto de 1940, siguiendo las instrucciones del Ministerio del Ejército, fue dado de baja junto a los emplazados en Isla Plana, Bolete, Cabo de Agua, Punta Negra y Cabo de Palos. Durante ese año y 1941 fueron desmontados y trasladados, junto a 9 proyectores antiaéreos, a la zona del Estrecho, Canarias y rías Bajas.

Proyector Sperry de 150 cm, modelo antiaéreo, instalado en Papua Nueva Guinea durante la 2ª Guerra Mundial.
Foto de https://www.awm.gov.au/collection/C1140348

Tras esto, la instalación fue abandonada, y 80 años después está en ruinas, como no podía ser de otro modo.

El asentamiento está compuesto, (al menos se mantienen en pie, son identificables y se puede acceder a ellas), por las siguientes edificaciones:

1. El refugio del proyector, excavado en la roca, y la Posición de Combate, donde se colocaba y hacía funcionar el foco. Están situados a inferior cota del resto de edificaciones y, se accede por unas escaleras en el borde del acantilado en muy malas condiciones y parcialmente derrumbadas en algún tramo.

Vista en perspectiva de la posición de combate del proyector, o de lo que queda de ella.

Refugio y camino que tuvo railes para el traslado hasta la
posición de combate.

Refugio del proyector.

Uno de los tramos de escalera de acceso.

2. El puesto de mando, situado sobre lo anterior. Pequeña “garita” de hormigón y piedras para su enmascaramiento.







3. Pequeño depósito de agua, situado al este de los alojamientos.

4. Edificio para alojamiento de los sirvientes del proyector. Dividido en almacén, cocina, alojamiento y comedor de tropa, aseos (conserva los 3 lavabos), cuarto del sargento o jefe del destacamento, con aseo propio. Por supuesto, de los tabiques de separación quedan los restos en los muros y poco más. Y de estos muros externos, el de la parte posterior, entre 2019 y 2020 se ha caído parcialmente (los años de abandono y las abundantes lluvias del otoño-invierno han tenido algo que ver en ello, seguro).






Vista del interior desde el cuarto del sargento, con los lavabos de tropa en primer plano.

Este edificio, presenta en la parte superior de sus paredes de cerramiento, unas formas asimétricas, de trazado irregular con formas redondeadas o con aristas, para confundirse con el entorno y favorecer su enmascaramiento respecto del enemigo. Esta culminación de los edificios, es característica de las construcciones de la zona de cabo Tiñoso realizadas durante la Guerra Civil, como por ejemplo: en El Atalayón, pabellón de oficiales y el comedor de tropa; en El Jorel, batería de tropa y edificio del comedor y cocina.


Otro de los tramos de escaleras para acceder al refugio y posición de combate del proyector.


Posición de combate del proyector.




Más fotos: https://www.facebook.com/media/set/?vanity=BateriasdecostayAAdecartagena&set=a.3566408196783681

Texto, fotos y video de Juan A. Hernández Ruiz.


Bibliografía

- La Artillería en la defensa de Cartagena y su base naval. Federico Santaella Pascual. Editorial Áglaya, 2006.

- Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. LA DEFENSA DE LA BASE NAVAL EN ÉPOCA CONTEMPORÁNEA. Aureliano Gómez Vizcaíno, David Munuera Navarro. Consejería de Educación y Cultura. Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. 2002.

- La Artillería de Costa en el Campo de Gibraltar 1936-2004. El RACTA nº 5. César Sánchez de Alcázar. AF Editores. 2006

sábado, 18 de julio de 2020

SIERRA GORDA


       La Batería de Sierra Gorda se encuentra situada en la parte más alta de las elevaciones que separan el valle de Escombreras del Campo de Cartagena, con una cota media de 300 m. Dista 8 kilómetros de la ciudad.
Se accede por un camino que parte de la  N-332, de Cartagena a La Unión, a la altura de la gasolinera de El Abrevadero. La distancia hasta la batería es de 4 km, a través de una pista en muy mal estado, con una anchura de 2,5 m, y una pendiente media de un 8%.



ARQUITECTÚRA

Se construyó la batería para artillar 4 cañones antiaéreos Vickers de 10'5 cm de calibre por 45 calibres, modelo 1923. Presenta las 4 barbetas de las piezas protegidas por un parapeto de hormigón y piedra recubierta , con una magistral de 84 metros. Tiene un repuesto de proyectiles por pieza, aunque emparejados en 2 construcciones independientes, compartiendo cada par de repuestos la sala de espoleteado y ascensores. Entre ambos edificios de repuestos y debajo de la explanada del telémetro y predictor, está el local del generador de corriente para la dirección de tiro, transmisores y otros servicios.

Edificio de repuestos de proyectiles

Interior de uno de los repuestos

Sala de ascensores

Existe un edificio para almacén y taller, el único que conserva el techo (junto con la letrina), y otro para cochera. En la loma anterior a la de las piezas, se sitúan, por este orden según andamos, la letrina; el local destinado a cocina, despensa y comedor; y los alojamientos, la superficie del alojamiento de tropa era de 32 m². La cubierta de estos locales estaba construida por viguetas de madera, y sobre ésta, una capa de ceniza y otra de láguena (1), hoy desaparecida.

Edificio destinado a almacén y taller.

Cochera (izq.), garita en el acceso y, al fondo, edificios de vida. 4 de marzo de 2020.

Para el abastecimiento de agua se construyó un aljibe de ladera en la subida a la batería, con pequeño canal de recogida de agua de lluvia.

Aljibe de ladera de Sierra Gorda

Pero, si por algo destaca Sierra Gorda, es por ser la única batería que dispone de trincheras para su defensa, 6 tramos situados al este y noreste de la elevación de los alojamientos. También destaca la originalidad de la arquitectura de sus 2 garitas de centinelas situadas en la entrada de la batería, junto a las explanadas de las piezas existen otras 2 de mas tosca elaboración, asemejando una cabaña de pastores.

Garita en el acceso a la batería


Una de las trincheras en 2015, 3 de mayo.

Otra trinchera, o lo poco que se ve de ella. 1 de junio de 2020

Antes de llegar a la batería existe un tunel (quizás un refugio) con un curioso arco de piedra y ladrillos en su interior. Al sureste de las piezas, hay una explanada con una cimentación para alguna construcción que no se concluyó.

Interior del túnel y arco


HISTORIA

Batería nº 9, Sierra Gorda. Plano de la "Memoria y comentarios sobre el sitio de Cartagena",
del general  José López Domínguez.

Durante el Cantón se instaló una batería centralista. El 27 de diciembre de 1873 el general López Domínguez en el parte telegráfico al ministro de la Guerra escribe respecto a Sierra Gorda: “La Plaza y castillos han hecho hoy un fuego bastante vivo. La batería núm. 9 quedará artillada esta noche y mañana romperá el fuego contra el Calvario y San Julián”. El general, en su “Memoria y comentarios sobre el sito de Cartagena”, la describe así:
«El día 28 quedó concluido el artillado y municionamiento de la batería núm. 9... Para hostilizar el castillo de San Julián y la ermita del Calvario, en cuyas inmediaciones tenían los insurrectos un pequeño atrincheramiento con una batería,...
El día 22 de diciembre se dio principio a los trabajos bajo la dirección del teniente coronel del ejército, comandante de ingenieros, D. Manuel Pujol.... la batería se hizo enterrada y revestida de cestones y fajinas, dándose a su espaldón una altura de 3'10 metros.
Tenía uno solo, pero espacioso repuesto, y sobre sus flancos y revés, se construyeron paracascos. Se emplearon en su construcción 5 días laborables.
Del servicio y artillado … se encargó el capitán D. Luis Barnola, y en la tarde del mismo día 28 se ordenó rompiese fuego poco antes de anochecer, sirviendo aquellos pocos disparos (24) para apreciar sus efectos y corregir por ellos las punterías, marcando algunas faltas, que se observaron en las explanadas».

Planta y perfiles de la batería centralista de Sierra Gorda.

Lo acontecido aquel día se comunicó por telégrafo al ministro: “La plaza ha hecho hoy un fuego lento. Terminada la batería núm. 9, ha roto el fuego esta tarde con buen éxito sobre el Calvario y San Julián. Los cuales han contestado con bastante calor”. El día 29 vuelve a hacer fuego “a todo tirar (80 disparos) y obteniendo un feliz resultado, pues San Julián y Calvario, que al principio contestaron vivamente, fueron disminuyendo sus disparos, cesando casi por completo los del Calvario, que sufría mucho, observándose fácilmente los destrozos causados en la ermita y defensas...

Desde la cota 180, ermita del Calvario (izq.) y castillo de San Julián.

Se construyó sobre las estribaciones de Sierra Gorda junto a la vertiente de Alumbres, a 180 metros sobre el nivel del mar. Distante 3.600 metros (2) de San Julián y 2.550 metros de la ermita del Calvario, con una diferencia de cota de 112 y 80 m respectivamente. Con sus  disparos obligó a los cantonales a abandonar la batería del Calvario, el 2 de enero de 1874 esta ya no realizó ningún disparo y el 1, sólo 6. Durante los 15 días que estuvo en servicio, del 28/12/1873 al 12/1/1874, realizó 1.168 disparos. Estuvo artillada con cuatro cañones de 16 cm, sobre cureñas de sitio modelo 1846, reformadas en 1864. En la «Memoria Vivanco» se describen sus piezas y estado al final del asedio así:
  • Viriato, nº 314, cañón de Cobres de Lima de 2.825 kg. Realizó 311 disparos, quedando “inútil”, deterioradas las estrías e interrumpidas por surcos.
  • Malagueño, cañón de Bronces Refundidos de 2.865 kg. Realizó 315 disparos, quedando “inútil”, con notable deterioro en el rayado, golpes y surcos.
  • Valeriano, nº 1626, cañón de Cobres de Méjico de 2.955 kg. Realizó 270 disparos, quedando “inútil”, empezó a dilatarse el fogón a los 239 disparos; quedó con el ánima deteriorada.
  • Influjo, nº 383, cañón de Cobres de Lima de 2.852 kg. Realizó 272 disparos, quedó “en servicio”. Aunque a los 241 disparos, el fogón dilató un poco; quedó con algunos surcos en el ánima, en estado regular las rayas y abocinado, con un diámetro de 16’5 cm.



De izquierda a derecha, cochera, sobre ella el almacén-taller, la 2ª garita que encontramos según se llega a la batería,
sobre ella las 4 barbetas de las piezas y la explanada del telémetro y predictor.

Garitas en el acceso a la batería. Al fondo las construcciones para letrinas, comedor-cocina y
alojamiento

No es hasta el año 1912 cuando se vuelve a pensar en esta posición como parte de un despliegue artillero, cuando se pensaba que Sierra Gorda debía ser el extremo de Levante del despliegue de costa (Plan de Defensa de 1912), montando para ello una batería de seis obuses de acero de 24 cms, proyecto que no llegó a realizarse (3). Aunque si dejó una serie de obras, alojamientos, trincheras, camino y un pequeño túnel de unos 20 metros, que serán aprovechados posteriormente, cuando se decida montar la batería antiaérea, de acuerdo a lo propuesto por la Ponencia Mixta de Artillería e Ingenieros, el 17 de noviembre de 1935. En el acta de esta Ponencia se recogía, entre otras conclusiones:
  • Las baterías antiaéreas de El Atalayón y Cabo Negrete no prestaban cobertura a la ciudad, a la Base Naval ni a establecimientos militares. Solo a sus baterías próximas.
  • Se propone el traslado de las anteriores a Los Dolores y Sierra Gorda.

El acta fue entregada al Excmo. Sr. Comandante Militar de la Plaza, para su curso a la Inspección de Bases Navales. El plan no se completó en todos sus puntos, ya que, en atención al voto particular del comandante del cuerpo de Ingenieros, el cartagenero, D. Manuel Duelo Gutiérrez, no se desmantelaron las baterías del Atalayón y Negrete, construyéndose, de nueva planta, las de los nuevos emplazamientos. Mediante comunicación telegráfica, el General Inspector de Bases Navales, ordenaba, el 23 de diciembre de 1935, a la Comandancia de Ingenieros de Cartagena la redacción urgente de los proyectos de construcción de Los Dolores y Sierra Gorda. Ambos fueron encargados al Cte. Duelo.

Barbetas para 3 piezas, a la izquierda, explanada para el telémetro y predictor.

En la Sesión Municipal del día 16 de enero de 1936 se da lectura a un oficio del General Gobernador Militar de la Plaza, solicitando autorización para arreglar un trozo de camino que partiendo de la carretera de La Unión, llega hasta la propiedad particular de subida a Sierra Gorda, en cuyo punto se van a realizar obras para montar baterías AA.; quedando aprobado el asunto. Los terrenos para el camino de acceso se adquirieron a Consuelo Arróniz Nadal, en el coto Arróniz, y a Ginés Agüera. Aunque la mayor parte del camino ya había sido realizado, pues según recogió Federico Santaella «Los hermanos Arróniz, propietarios de los terrenos donde se asentaba la posición, concedieron al Ramo de Guerra una autorización por escrito en fecha 23 de octubre de 1914 para circular, en todo tiempo, por el camino que sube desde la antigua carretera de Alumbres al collado de Sierra Gorda.
El propietario de Sierra Gorda, Francisco González Rubio, cedió gratuitamente, el 24 de octubre de 1914, 215 m² de terreno para la construcción de parte del camino, y la Sociedad Franco-Española de Explosivos y Productos Químicos permitió, en escrito de igual mes, la ocupación gratuita de terrenos para la construcción del último tramo de camino». (4)

Las obras de la batería comienzan en enero de 1936 y se concluyen en abril. Su coste fue de 152.150 pesetas (914'44 €).
Los terrenos fueron cedidos por la Sociedad Franco-Española de Explosivos y Productos Químicos. La urgencia de esta obra fue motivada por la necesidad de ampliar la defensa antiaérea en la Base Naval ante la tensión que en aquellos momentos existía en el Mediterráneo por la campaña italiana en Abisinia.
Las obras del artillado se completarían, una vez iniciada la contienda civil, con cuatro cañones AA. Vickers de 105/45, modelo 1923, con montaje fijo, procedentes del desartillado de El Ferrol, sobre una cota de 300 metros sobre el nivel del mar. Su alcance era de 13.400 metros y un techo de 7.850 metros con la espoleta a tiempos de 22’’. La longitud de su magistral era de 84 m, correspondientes a los 3 lados de un trapezoide que daban frente a la Plaza. Podía tirar en un sector de 360º y un ángulo de 90º a -5º de depresión. Disparaba un proyectil envainado de 15 kg de peso. 

Su misión principal era la defensa del espacio aéreo de la Base, puerto y ciudad de Cartagena, para lo que cruzaba sus fuegos con las baterías del monte Roldán, Los Dolores y El Conejo.

Batería antiaérea de El Conejo, vista desde Sierra Gorda.

Estuvo encuadrada en la DECA (Defensa Especial Contra Aeronaves) durante la Guerra Civil, con la denominación de 4ª Batería. Al comienzo de la misma, y tras los primeros bombardeos de la ciudad, se aceleran las tareas de artillado de Los Dolores y Sierra Gorda. Al no contar con las piezas suficientes para el artillado completo de estas nuevas posiciones, solo 4 cañones en el Parque de Artillería de los 8 que debían llegar desde Ferrol, se decide desmontar 2 piezas del Atalayón y otras 2 de Cabo Negrete, para estas baterías de nueva planta (VER ATALAYÓN). En el período comprendido entre el 15 de abril de 1937 a 21 de julio de 1938, realizó 567 disparos, con proyectil de alto explosivo. Intervino en 16 combates de defensa contra los ataques y bombardeos de la Aviación Nacional.

Mirando a Cartagena desde Sierra Gorda. 4 de marzo de 2020

En los sucesos del 5 de marzo de 1939, se une a la sublevación y se pone a las órdenes del Teniente Coronel Espá, realizando varios disparos sobre la falda del Castillo de la Concepción contra tropas de la 206 Brigada, a petición del capitán de navío D. Fernando Oliva, que defendía la Jefatura de la Base Naval (Palacio de Guardiamarinas). Al día siguiente se repetirían los disparos.

Finalizada la Guerra Civil da comienzo el desartillado. El 13 de septiembre de 1939, el ministro del Ejercito, mediante telegrama postal, ordena el desartillado de Los Dolores y de esta batería, comenzando el desmontaje el 23 de septiembre, y en marzo de 1940 sus cuatro piezas son enviadas a Ferrol.


Abandonada desde entonces, carece de protección cultural (no es Bien de Interés Cultural). Es propiedad del Ministerio de Defensa, situada en una finca de 1.399.385 m² de terreno rústico (Polígono 52, parcela 5). El camino de Sierra Gorda (Polígono 52, parcela 9001) de 10.206 m².



Desde el año 2017, el ascenso a Sierra Gorda, forma parte del recorrido de la “Ruta de las Fortalezas”, prueba que organiza la Escuela de Infantería de Marina “General Albacete y Fuster”. Habiendo descubierto muchos cartageneros a una de las “hermanas pobres” de las baterías de costa o antiaéreas gracias a esta prueba.

Participantes de la IX edición de la Ruta de las Fortalezas llegando a Sierra Gorda, 14 de abril de 2018.
Garita junto a las barbetas de las piezas.


DATOS NUMÉRICOS DEL MATERIAL VICKERS DE 10'5 cm

Longitud total:                                      4'77 metros
Peso del cañón sin cierre: 1761 kg.
Peso del cierre                                         80 kg
Peso de la carga de proyección              3'85 kg
Peso del proyectil                                     15 kg
Velocidad inicial del proyectil                   800 m/sg
Alcance máximo (Tiro de superficie)    13.400 m
Alcance vertical (techo)                        7.850 m

PRECIOS DE COMPRA APROXIMADOS

Cañón con montaje  200.000 ptas. (1.202,02 €)
Dirección de tiro         200.000 ptas.
Disparo completo               335 ptas. (2,01 €)




Más fotos aquí


NOTAS
- 1. La Artillería en la defensa de Cartagena y su Base Naval. Pag.180.
- 2. Datos obtenidos en “La Memoria Vivanco”. Ed. de Ángel Márquez. Pag. 169. La distancia que refleja a S. Julián es de 2.600 metros, cantidad manifiestamente errónea, pues si la ermita del Calvario dista 2.550 m, no hay 50 m a S. Julián, y si 1 km más, aproximadamente.
- 3. Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Catálogo de fortalezas de Cartagena, pag. 625.
- 4. La Artillería en la defensa de Cartagena y su base naval. Pag. 169.


Bibliografía y fuentes:

 - “Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Catálogo de fortalezas de Cartagena”.  Aureliano Gómez Vizcaíno y David Munuera Navarro
 - La Artillería en la defensa de Cartagena y su Base Naval. Federico Santaella Pascual. Ed. Áglaya, 2006.
 - La Artillería centralista en el bombardeo de Cartagena. La Memoria Vivanco. Edición de Ángel Márquez., Editorial Áglaya, 2001.
 - Memoria y comentarios sobre el sitio de Cartagena. General José López Domínguez. Editorial Áglaya, 2000.
 - https://www1.sedecatastro.gob.es
 - Datos numéricos del material Vickers. Regimiento de Artillería de Costa nº 2. El Ferrol.

viernes, 20 de diciembre de 2019

TORRE DE NAVIDAD


     La Torre de Navidad se ubica en las estribaciones del Soto de la Podadera, situado al sur del monte de Galeras, en el extremo sureste, junto a la batería de Navidad y a superior cota.

Batería y torre de Navidad

ARQUITECTURA

La torre es hexagonal, con un vano que fue semicircular a media altura en cada una de sus 4 caras que dan al mar, dispondría de un pilar en el centro  para sostener las vigas de la cubierta. De base más ancha se estrecha según se avanza en altura. Sólo quedan restos de una planta construida a base de hiladas de ladrillo y relleno de bloques de piedra irregular. Los ladrillos también se encuentran en el refuerzo de las esquinas. Todo en muy mal estado.

La torre de Navidad vista desde la batería del mismo nombre. Foto del año 2015.

Es probable que muchos de esos bloques de piedra se emplearan en la construcción de la batería de Navidad.

Declarada "Bien de Interés Cultural" (BIC) por la Comunidad A. de la Región de Murcia, con nº de inventario 160576, en la categoría de “Monumento”.

La torre de Navidad en 2019.

HISTORIA

     La primera referencia a la construcción de una torre, cubo, en la punta de Navidad se encuentra en el acta capitular del cabildo de Cartagena, de fecha 16 de septiembre de 1619: «...se aga una torre en la parte que dizen las Algamecas, ques el desenbarcadero [y dos cubos, uno en cada punta del puerto (superpuesto sobre el acta)] principal quel enemigo puede tener...». El día anterior, el marqués de los Vélez, capitán general del reino de Murcia, había visitado la ciudad para dar el visto bueno a las construcciones citadas.

Dibujo de la torre y batería de Navidad, realizado por el capitán Juan José Ordovás en 1799.

     Pasan 6 años sin que nada se edificara. Así se llega al 1 de enero de 1626, cuando, el marqués de los Vélez visita de nuevo Cartagena. Insistiendo en la conveniencia de las construcciones citadas: «...dos cubos en las puntas del dicho su puerto y cada uno dellos sea capaz para poder gobernar tres piesas de artillería y una torre entre las dos Algamecas... los cuales... ynpidan los desembarcaderos y entradas de enemigos en este puerto...» Considerando esta la mejor defensa de la ciudad, por delante de la muralla, que dejaba partes de la urbe fuera de ella y que sería costosísima de reformar, todo lo contrario que la torre y los cubos. Pudiendo utilizar el dinero destinado a la construcción de las torres costeras de Calabardina y Cope, depositado en la ciudad, y si faltaba, usar el consignado a la reparación de las murallas. El Concejo escribe al rey, trasladándole la propuesta. Felipe IV responde en junio de ese año, aprobando la construcción de la torre y dos cubos “en las murallas”, con un dinero que el ayuntamiento debía proponer de donde sacar, «...bien veréis de donde se podrá sacar el que será menester para estas obras y lo auisaréis para que uisto se tome la rresolución que más conuenga a mi servicio y entonces diréis la suma que en esto se gastará, adbirtiendo que por ahora no está mi hacienda en estado que pueda suplir este gasto...» 
     La confusión de los cubos adosados a la muralla causa sorpresa en los ediles cartageneros y es subsanada en un nuevo escrito al rey. Se consiguió la aprobación de las construcciones, pero no el uso del dinero asignado a las torres de Cope y Calabardina (no fue construida). Como única opción queda pedir autorización para el uso del dinero asignado al mantenimiento de la muralla de la ciudad, procedente de lo recaudado del impuesto de “millones”, 18.000 ducados en 6 años, a razón de 3.000 ducados al año. Siendo esto lo que se acordó.

Vista del interior de la torre

     Sin esperar la respuesta regia y ante la insistencia del marqués de los Vélez, convencido del visto bueno real a las actuaciones que él realizara, el concejo comienza los preparativos y las obras. En una carta firmada en Mula, el 8 de agosto de 1626, por don Luis Fajardo de Requesens y Zúñiga, marqués de los Vélez, oficializa la orden de construir las torres “artilladas”. El texto íntegro de la carta puede consultarse AQUÍ
     El Concejo comisionó al regidor Alonso González de Sepúlveda para que hiciera llamar a los maestros albañiles, vecinos de Cartagena, Lorenzo Berezosa y Juan Aguirre que estaban trabajando en Murcia, para reconocer los lugares elegidos y levantar las plantas de las torres del puerto. Dos semanas después los planos ya estaban realizados y fueron presentados al Ayuntamiento en un cabildo ordinario. En el acta capitular del día 29 de agosto de 1626 se anotó lo siguiente: «...abiendo reconosido los sitios donde se han de fabricar, hizieron las dichas plantas, las quales se han de remitir al señor marqués de los Bélez..., como lo tiene mandado, para que Su Excelencia elixa la que se a de poner en execusion».
     En ese mismo cabildo, el regidor Diego Pallarés, que había regresado de Madrid tras representar a la cuidad ante la Corte, pidió se le pusiese al corriente, leyéndole las actas anteriores sobre el tema de las torres-cubo de la entrada del puerto. Pallarés muestra su desacuerdo con la construcción «...sin horden expresa de Su Magestad y las costas y gastos y daños e ynconbinientes que dello rresultaren corran por quenta de quien obiere lugar de justicia y si se hiciese lo contrario que pague». La consiguiente discusión termina con la aprobación por los demás regidores de los acuerdos anteriores, y la ratificación por el alcalde mayor.
     El tema de las torres no se vuelve a tratar hasta más de 3 meses después cuando, el 12 de diciembre de 1626, el Concejo recibe respuesta del marqués de los Vélez sobre una propuesta de hacer unas torres más grandes que las aprobadas. Niega la construcción por lo costoso (entre 24.000 y 30.000 ducados), la necesidad de una mayor dotación de guardia, más cañones y un fondo permanente para su mantenimiento. Pide que se continúe con la reparación de la muralla y, en cuanto se terminen, se intente dar principio al hacer las torres en la boca del puerto. Esto último lleva a pensar que la construcción aún no había comenzado. En esta carta, fechada en Mula el 2 de diciembre, el marqués propone un nuevo arbitrio que sufrague el costo de la construcción, nuevo impuesto que debe ser autorizado por el rey.


     Cuenta Francisco Velasco Hernández (1) que no existe registro de la carta a Felipe IV, ni la respuesta de este. No se vuelve a tratar sobre las torres de la entrada del puerto de forma directa por el concejo. Tampoco hay documentos que atestigüen el inicio de la construcción de la torre de Navidad, aunque es evidente que se comenzó, sólo hay que mirar hacia la derecha de la bocana del puerto de Cartagena, sobre la batería de Navidad.

     Dos hechos si quedan reflejados en las actas capitulares del concejo y explican por qué  se detuvo la construcción de los cubos, según Velasco Hernández:

1.- En febrero de 1627 el marqués de los Vélez es nombrado virrey del reino de Valencia, no volviendo a pisar Cartagena, en aquella fallece en 1631. Perdiendo la ciudad su principal  apoyo ante el rey para la edificación de los cubos del puerto y la torre de la Algameca.

2.- El 16 de marzo de 1627 es leída en el cabildo una carta real, fechada en Madrid el 7 del mismo mes, donde manda se le envíe relación del dinero gastado en la reparación de las murallas, en concreto los 3.000 ducados correspondientes al año 1626. Precisando en qué efectos se habían llevado a cabo y con qué órdenes. Otra carta de Pedro de Arce, secretario del consejo de Guerra, recibida al mismo tiempo, requería estos mismos detalles.

     El problema que se le plantea al concejo cartagenero es demostrar, con papeles, que no se había saltado la voluntad del rey, iniciando la construcción de uno de los cubos con el dinero consignado para el reparo de la muralla, a pesar del apoyo del marqués. Y que dicho dinero estaba gastado en el fin para el que había sido aprobado. De lo contrario se caería en la ira regia, y esa era una situación a la que nadie se quería enfrentar. Es indudable que la oposición del regidor Diego Pallarés a los acuerdos del concejo y sus amenazas de acudir al rey y a sus consejos, influyeron en los requerimientos recibidos.

     Cuatro días después de recibir las cartas, en el cabildo del 20 de marzo, se acuerda que 2 comisarios hicieran la cuenta de lo gastado hasta la fecha de los 3.000 ducados. Pallarés pide al ayuntamiento que «para que se cunpla más bien lo que Su Majestad manda por la dicha real sedula, es de pareser se junten todos los papeles que en esta razón ay, así en primer lugar la libransa que se dio por el real consejo de hazienda, órdenes que dio a este ayuntamiento el señor marqués de los Beles, aquerdos fechos por esta cuidad sobre dicha materia, sacados a la letra y relación jurada de Alonso Garçía Ybarguen de lo que a pagado y se a librado en esta materia y qué es lo que se ha reparado y hasta adonde, y todo se enbíe a poder del señor secretario Pedro de Arce,..., y lo que en otra manera se hisiere, corra por quenta de quien ubiere lugar de derecho; y pide testimonio...»

     A partir de aquí ya nunca más se vuelve a saber de las torres de la entrada del puerto. Para Francisco Velasco «cabe pensar que debió imponerse el silencio en toda su extensión. Unos, los responsables del comienzo de la construcción del cubo-torre de Navidad, el Cabildo casi al completo (alcalde mayor y la mayor parte de los regidores), debieron sufragar de sus haciendas particulares lo ejecutado hasta el momento o, en todo caso, reponer a la real hacienda los ducados desviados para las obras de las torres y pago de los albañiles; otros, Diego Pallarés y los que no participaron en los acuerdos, lograron una victoria pírrica, pues lo único que les iba en el asunto era salvar su orgullo personal, aún a costa de perjudicar los intereses de la ciudad a la que defendían. A cambio de ese silencio Pallarés obtendría algunas ventajas, pues curiosamente poco tiempo después la ciudad le concedería licencia para cortar la madera necesaria par construir una fragata de 10 bancos, así como 100 maderos para aderezar una casa en su heredad».

     Por todo lo anterior, «la torre o cubo de Navidad quedó inacabada, inconclusa; por ello no podemos hablar de una torre desmochada, ni destruida por acción de guerra, si no de un proyecto más de los que se contemplaron a lo largo de los siglos XVI y XVII para mejorar la deficiente defensa de Cartagena y su costa».



En 1716 Luis Viller Langot representa la torre, sin mencionarla, en su “Plan del puerto baia y fondo por pasos geométricos de Cartaxena desde la punta de la Scombrera asta la punta del Cantar”. 
En un plano de 1740 de Esteban de Panón, la leyenda la señala como torre empezada y no acabada.
En 1799, el capitán de infantería e ingeniero, Juan José Ordovás, en su Atlas político y militar del reino de Murcia, dice sobre ella: «Sobre esta batería (Navidad) y distante de ella 20 varas, se halla una torre exagonal, cuyo lado es de 10 varas hecha toda de ladrillo, y cuya obra no se concluyó; su edificación es por los años de 1626, hecha según se manifiesta con el fin de colocar en ella un fanal para que sirviera en la noche de guía a los navegantes». En su plano nº 16  la representa inconclusa y en la leyenda se lee: «Torre abandonada que se empezó a executar con el fin que sirviera de fanal para indicar de noche a las embarcaciones la entrada del Puerto».

Perfil de la batería de Navidad, con la torre a su lado. J.J. Ordovás, 1799

Y cerca de 400 años después de su inconclusa construcción, torre defensiva o fanal de navegantes, parte de sus muros continúan en pie, como mudos testigos de la historia y los cambios experimentados por la ciudad y puerto de Cartagena 




Planta de la batería y torre de Navidad. J.J. Ordovás, 1799


Fuentes y notas

- (1) La torre de Navidad, un enigma de la historia de Cartagena al descubierto. Francisco Velasco Hernández. Revista Cartagena Histórica nº 29, mayo-junio de 2009.
- Atlas político y militar del Reyno de Murcia; formado por el capitán de Ynfantería e ingeniero ordinario de los R. Exércitos Don Juan José Ordovás. 1799.  A.G.M. Madrid.
-  Plan del puerto baia y fondo por pasos geométricos de Cartaxena desde la punta de la Scombrera asta la punta del Cantar. Luis Viller Langot, 14-4-1716. Archivo General de la CARM.